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A pelear por el Cine

Publicado por Daniel Brian
Daniel Brian
Comunicador
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en Martes, 20 Septiembre 2011 en Dolor de Columna

Me autoconvoqué dos veces seguidas al cine... no, no al Monumental Sierras, que dejó de serlo. Ahora lo veo más como un futuro negocio, privado o burocrático. O como uno actual y pre electoral (con versito y todo, ya que la referencia lo amerita). Pero bueno, retomemos, fui dos veces en una semana al cine. Al único que tenemos, que defiendo porque me da la posibilidad de disfrute que no me dan las tertulias combativas de las causas de personajes comunes a toda causa. No hay manera mejor, me autoconvencía de no comprometerme con la otra autoconvocatoria, de defender al cine que llenando una sala. Aunque sea otra, aunque no sea la ideal.

Pero en mi primer intento, casi a la misma hora que abrazaban el Monumental y el candidato del peronismo se reunía con los accionistas para prometerles la compra del inmueble por parte del estado, yo rebotaba en la boletería. "Tiene que haber más de dos espectadores para que la función comience...", me decían y en un gesto pudorosamente rojo como las chombitas que usan, los empleados del Cinemacenter me arqueaban las cejas, encogían los hombros y miraban para arriba, para el lugar desde donde seguramente se disponen estas reglas estúpidas. Igual insistí. 

Convencido, ahora sí, de que me había equivocado en mi elección, pasé por el Monumental Sierras, donde se seguía discutiendo por el mejor destino de la sala que sería ganada por los vecinos que quieren cultura pero que casi nunca van al cine (esto es un prejuicio, lo asumo, a lo mejor les pasa cuando van lo mismo que me pasó a mi en mi primer intento) y seguí de largo hasta el Cine que está vivo y ahora sí, en un horario donde éramos ¡cuatro! pude ver la peli.

Mi primera peli de esa semana fue Super 8 de J.J. Abrahams (el de Lost) y con producción de Steven Spielberg (el de tengo-al-menos-dos-películas-mías-en-tu-top-ten). Una fiesta. Pibitos en estado de gracia actoral, aventura, un guion con algo de paranoia y un ejército yanqui bien malo y asesino. Ya se que no les puedo decir "vayan a verla", porque ya la dieron. La pueden ver, claro, pero lo que vivimos esos cuatro en el cine es incomparable.

Absolutamente decidido a apoyar a la cultura, a participar de las movidas que me convencen y me generan un compromiso sentido, volví al cine esa misma semana, ya con los recaudos adecuados de elegir un buen horario en el que fuéramos más que dos. Me vi ahora El Origen del Planeta de los Simios: Revolución. Guau. O mejor dicho, hahah, hahah, o como carajo sea la onomatopeya de un chimpancé. Los malos ahora son los miembros de las corporaciones, pero los equivocados somos todos, la humanidad entera, que no se entera, justamente, de que las cosas pueden cambiar. Y como nadie se da cuenta, se viene el estallido. Se me cayó un lagrimón cuando el orangután salta hasta el helicóptero y lo baja a puñetazo limpio, destrozando armas, cuerpos y todo lo que se le cruza para salvar a sus amigos. Es que soy un sentimental. 

A esta todavía se la puede ver, por lo menos hasta el jueves. Si sus otros compromisos, como el de defender un espacio público para la cultura, el de pelear por un espacio para los artistas, el de recuperar el cine o cualquier otro se lo permiten. No hagan como yo, que tuve que elegir y me quedé a oscuras, casi solo, en una sala que era un desierto con un oasis placentero de puro cine, de cultura en tiempo real, sin ser protagonista de nada, de ser parte de historias que es una lástima que se las pierdan. 

 

2011 super 8 001

 

planeta de los simios

 

 

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